La felicidad es el más útil de los bienes preferibles, decía Al-Farabi, y la comparaba con la salud: el más preferible, el más grande y el más perfecto de los bienes. Arnoldo Kraus. La Jornada
Hola:
Hoy celebramos en México el día del maestro. Va para aquellos que lo son de corazón, un poema del recientemente premiado con el Reina Sofía, José Emilio Pacheco Tomado de su antología “La fábula del tiempo”.
LAS OSTRAS
Pasamos por el mundo sin darnos cuenta,
sin verlo,
como si no estuviera allí o no fuéramos parte
infinitesimal de todo esto.
No sabemos los nombres de las flores,
ignoramos los puntos cardinales
y las constelaciones que allá arriba
ven con pena o con burla lo que nos pasa.
Por esa misma causa nos reímos del arte
que no es a fin de cuentas sino atención enfocada.
No deseo ver el mundo, le contestamos.
Quiero gozar la vida sin enterarme,
pasarla bien como pasan las ostras,
antes de que las guarden en su sepulcro de hielo.
Friday, May 15, 2009
Friday, April 3, 2009
al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente
Hola:
Aunque tarde, un poema de Silvia Plath, para celebrar las vacaciones .
CANCION DE AMOR DE LA JOVEN LOCA
Cierro los ojos y el mundo muere;
levanto los párpados y nace todo nuevamente.
(Creo que te inventé en mi mente).
Las estrellas salen valseando en azul y rojo,
sin sentir galopa la negrura:
cierro los ojos y el mundo muere.
Soñé que me hechizabas en la cama
cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.
(Creo que te inventé en mi mente).
Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan:
escapan serafines y soldados de satán:
cierro los ojos y el mundo muere.
Imaginé que volverías como dijiste,
pero crecí y olvidé tu nombre.
(Creo que te inventé en mi mente).
Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti;
al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente.
Cierro los ojos y el mundo muere.
(Creo que te inventé en mi mente).
Aunque tarde, un poema de Silvia Plath, para celebrar las vacaciones .
CANCION DE AMOR DE LA JOVEN LOCA
Cierro los ojos y el mundo muere;
levanto los párpados y nace todo nuevamente.
(Creo que te inventé en mi mente).
Las estrellas salen valseando en azul y rojo,
sin sentir galopa la negrura:
cierro los ojos y el mundo muere.
Soñé que me hechizabas en la cama
cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.
(Creo que te inventé en mi mente).
Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan:
escapan serafines y soldados de satán:
cierro los ojos y el mundo muere.
Imaginé que volverías como dijiste,
pero crecí y olvidé tu nombre.
(Creo que te inventé en mi mente).
Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti;
al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente.
Cierro los ojos y el mundo muere.
(Creo que te inventé en mi mente).
Wednesday, April 1, 2009
haciamos el amor voluntariamente
Hola:
Veo que cumple 74 años Fernando del Paso Les mando, por cortesía de EPDLP un fragmento de esa novela calificada de “rabelesiana”.
PALINURO DE MEXICO
(...)
Lo que nunca jamás pudimos medir fue nuestro amor, porque era infinito.
Era, si, como cuando Palinuro le preguntaba al abuelo cuánto lo quería.
- Mucho, muchísimo le contestaba el abuelo Francisco.
- Pero ¿cuánto, cuánto abuelo? ¿De aquí a la esquina?
- Más, mucho más.
- ¿De aquí al Parque del Ajusco?
- Más, muchísimo mas: de aquí al cielo de ida y de regreso, yéndose por el camino mas largo de todos y regresando por un camino todavía más largo. Y eso después de dar varios rodeos, de perderse a propósito, de tomar un café con leche en Plutón, de recorrer los anillos de Saturno en patín del diablo y de dormir veinte años como Rip Van Winkle, en uno de esos planetas donde las noches duran veintiún años: porque a mi me gusta levantarme temprano, cuando menos un año antes de que amanezca.
(...)
Hacíamos el amor compulsivamente. Lo hacíamos deliberadamente.
Lo hacíamos espontáneamente. Pero sobre todo, hacíamos el amor diariamente. O en otras palabras, los lunes, los martes y los miércoles, hacíamos el amor invariablemente. Los jueves, los viernes y los sábados, hacíamos el amor igualmente. Por últimos los domingos hacíamos el amor religiosamente.
O bien hacíamos el amor por compatibilidad de caracteres, por favor, por supuesto, por teléfono, de primera intención y en última instancia, por no dejar y por si acaso, como primera medida y como último recurso. Hicimos también el amor por ósmosis y por simbiosis: a eso le llamábamos hacer el amor científicamente. Pero también hicimos el amor yo a ella y ella a mí: es decir, recíprocamente. Y cuando ella se quedaba a la mitad de un orgasmo y yo, con el miembro convertido en un músculo fláccido no podía llenarla, entonces hacíamos el amor lastimosamente.
Lo cual no tiene nada que ver con las veces en que yo me imaginaba que no iba a poder, y no podía, y ella pensaba que no iba a sentir, y no sentía, o bien estábamos tan cansados y tan preocupados que ninguno de los dos alcanzaba el orgasmo. Decíamos, entonces, que habíamos hecho el amor aproximadamente.
O bien Estefanía le daba por recordar las ardilla que el tío Esteban le trajo de Wisconsin y que daban vueltas como locas en sus jaulas olorosas a creolina, y yo por mi parte recordaba la sala de la casa de los abuelos, con sus sillas vienesas y sus macetas de rosasté esperando la eclosión de las cuatro de la tarde, y así era como hacíamos el amor nostálgicamente, viniéndonos mientras nos íbamos tras viejos recuerdos.
Muchas veces hicimos el amor contra natura, a favor de natura, ignorando a natura. O de noche con la luz encendida, mientras los zancudos ejecutaban una danza cenital alrededor del foco. O de día con los ojos cerrados. O con el cuerpo limpio y la conciencia sucia. O viceversa. Contentos, felices, dolientes, amargados. Con remordimientos y sin sentido. Con sueño y con frío. Y cuando estábamos conscientes de lo absurdo de la vida, y de que un día nos olvidaríamos el uno del otro, entonces hacíamos el amor inútilmente.
Para envidia de nuestros amigos y enemigos, hacíamos el amor ilimitadamente, magistralmente, legendariamente. Para honra de nuestros padres, hacíamos el amor moralmente. Para escándalo de la sociedad, hacíamos el amor ilegalmente.
Para alegría de los psiquiatras, hacíamos el amor sintomáticamente. Y, sobre todo, hacíamos el amor físicamente.
También lo hicimos de pie y cantando, de rodillas y rezando, acostados y soñando. Y sobre todo, y por simple razón de que yo lo quería así y ella también, hacíamos el amor voluntariamente. "
Veo que cumple 74 años Fernando del Paso Les mando, por cortesía de EPDLP un fragmento de esa novela calificada de “rabelesiana”.
PALINURO DE MEXICO
(...)
Lo que nunca jamás pudimos medir fue nuestro amor, porque era infinito.
Era, si, como cuando Palinuro le preguntaba al abuelo cuánto lo quería.
- Mucho, muchísimo le contestaba el abuelo Francisco.
- Pero ¿cuánto, cuánto abuelo? ¿De aquí a la esquina?
- Más, mucho más.
- ¿De aquí al Parque del Ajusco?
- Más, muchísimo mas: de aquí al cielo de ida y de regreso, yéndose por el camino mas largo de todos y regresando por un camino todavía más largo. Y eso después de dar varios rodeos, de perderse a propósito, de tomar un café con leche en Plutón, de recorrer los anillos de Saturno en patín del diablo y de dormir veinte años como Rip Van Winkle, en uno de esos planetas donde las noches duran veintiún años: porque a mi me gusta levantarme temprano, cuando menos un año antes de que amanezca.
(...)
Hacíamos el amor compulsivamente. Lo hacíamos deliberadamente.
Lo hacíamos espontáneamente. Pero sobre todo, hacíamos el amor diariamente. O en otras palabras, los lunes, los martes y los miércoles, hacíamos el amor invariablemente. Los jueves, los viernes y los sábados, hacíamos el amor igualmente. Por últimos los domingos hacíamos el amor religiosamente.
O bien hacíamos el amor por compatibilidad de caracteres, por favor, por supuesto, por teléfono, de primera intención y en última instancia, por no dejar y por si acaso, como primera medida y como último recurso. Hicimos también el amor por ósmosis y por simbiosis: a eso le llamábamos hacer el amor científicamente. Pero también hicimos el amor yo a ella y ella a mí: es decir, recíprocamente. Y cuando ella se quedaba a la mitad de un orgasmo y yo, con el miembro convertido en un músculo fláccido no podía llenarla, entonces hacíamos el amor lastimosamente.
Lo cual no tiene nada que ver con las veces en que yo me imaginaba que no iba a poder, y no podía, y ella pensaba que no iba a sentir, y no sentía, o bien estábamos tan cansados y tan preocupados que ninguno de los dos alcanzaba el orgasmo. Decíamos, entonces, que habíamos hecho el amor aproximadamente.
O bien Estefanía le daba por recordar las ardilla que el tío Esteban le trajo de Wisconsin y que daban vueltas como locas en sus jaulas olorosas a creolina, y yo por mi parte recordaba la sala de la casa de los abuelos, con sus sillas vienesas y sus macetas de rosasté esperando la eclosión de las cuatro de la tarde, y así era como hacíamos el amor nostálgicamente, viniéndonos mientras nos íbamos tras viejos recuerdos.
Muchas veces hicimos el amor contra natura, a favor de natura, ignorando a natura. O de noche con la luz encendida, mientras los zancudos ejecutaban una danza cenital alrededor del foco. O de día con los ojos cerrados. O con el cuerpo limpio y la conciencia sucia. O viceversa. Contentos, felices, dolientes, amargados. Con remordimientos y sin sentido. Con sueño y con frío. Y cuando estábamos conscientes de lo absurdo de la vida, y de que un día nos olvidaríamos el uno del otro, entonces hacíamos el amor inútilmente.
Para envidia de nuestros amigos y enemigos, hacíamos el amor ilimitadamente, magistralmente, legendariamente. Para honra de nuestros padres, hacíamos el amor moralmente. Para escándalo de la sociedad, hacíamos el amor ilegalmente.
Para alegría de los psiquiatras, hacíamos el amor sintomáticamente. Y, sobre todo, hacíamos el amor físicamente.
También lo hicimos de pie y cantando, de rodillas y rezando, acostados y soñando. Y sobre todo, y por simple razón de que yo lo quería así y ella también, hacíamos el amor voluntariamente. "
Monday, March 30, 2009
No estaba con mi sombra
Hola:
Hay semanas que precisan de algo extra para iniciar. Veamos si ayudan estas preguntas de Oliverio Girondo, poeta argentino inspirador de Horacio Oliveira, personaje de Rayuela.
¿DÓNDE?
¿Me extravié en la fiebre?
¿Detrás de las sonrisas?
¿Entre los alfileres?
¿En la duda?
¿En el rezo?
¿En medio de la herrumbre?
¿Asomado a la angustia,
al engaño,
a lo verde?...
No estaba junto al llanto,
junto a lo despiadado,
por encima del asco,
adherido a la ausencia,
mezclado a la ceniza,
al horror,
al delirio.
No estaba con mi sombra,
no estaba con mis gestos,
más allá de las normas,
más allá del misterio,
en el fondo del sueño,
del eco,
del olvido.
No estaba.
¡Estoy seguro!
No estaba.
Hay semanas que precisan de algo extra para iniciar. Veamos si ayudan estas preguntas de Oliverio Girondo, poeta argentino inspirador de Horacio Oliveira, personaje de Rayuela.
¿DÓNDE?
¿Me extravié en la fiebre?
¿Detrás de las sonrisas?
¿Entre los alfileres?
¿En la duda?
¿En el rezo?
¿En medio de la herrumbre?
¿Asomado a la angustia,
al engaño,
a lo verde?...
No estaba junto al llanto,
junto a lo despiadado,
por encima del asco,
adherido a la ausencia,
mezclado a la ceniza,
al horror,
al delirio.
No estaba con mi sombra,
no estaba con mis gestos,
más allá de las normas,
más allá del misterio,
en el fondo del sueño,
del eco,
del olvido.
No estaba.
¡Estoy seguro!
No estaba.
Thursday, March 26, 2009
Trato de decir a oscuras todo esto
Hola:
Otra vez releo esto de Jaime Sabines, que luce tan familiar, De "Nuevo recuento de poemas" ...
“Trato de escribir en la oscuridad tu nombre.
Trato de escribir que te amo.
Trato de decir a oscuras todo esto.
No quiero que nadie se entere,
que nadie me mire a las tres de la mañana
paseando de un lado a otro de la estancia,
loco, lleno de ti, enamorado.
Iluminado, ciego,
lleno de ti,
derramándote.
Digo tu nombre con todo el silencio de la noche,
lo grita mi corazón amordazado.
Repito tu nombre,
vuelvo a decirlo,
lo digo incansablemente,
y estoy seguro que habrá de amanecer”
Otra vez releo esto de Jaime Sabines, que luce tan familiar, De "Nuevo recuento de poemas" ...
“Trato de escribir en la oscuridad tu nombre.
Trato de escribir que te amo.
Trato de decir a oscuras todo esto.
No quiero que nadie se entere,
que nadie me mire a las tres de la mañana
paseando de un lado a otro de la estancia,
loco, lleno de ti, enamorado.
Iluminado, ciego,
lleno de ti,
derramándote.
Digo tu nombre con todo el silencio de la noche,
lo grita mi corazón amordazado.
Repito tu nombre,
vuelvo a decirlo,
lo digo incansablemente,
y estoy seguro que habrá de amanecer”
Wednesday, March 25, 2009
Yo no sirvo para otra cosa que los pájaros
Hola:
Para estar a tono con el día mundial de la poesía y con el "Año de Jaime Sabines", uno de sus poemas sueltos, tomado de “Nuevo Recuento de Poemas 1950-1993". Ediciones
JM
En la boca del incendio arden mis días,
La hojarasca que soy, la yerba seca.
Siento mi alma como tierra quemada.
Ojos míos: no miren otra cosa que los últimos
fantasmas diarios.
Boca mía: no digas más que el saludo, “buenas noches”,
Y el tiempo, “que hermosa tarde” o “como llueve”.
Manos y dedos míos: sigan apretando el escritorio,
Los billetes, la copa, los muslos.
Planta de mi pie: hay que continuar sobre el camino
hollado,
Al lado de los mismos automóviles, sobre las mismas
hormigas.
Corazón mío: dedícate a tu sangre, a mis pulmones.
Y tú, querido estómago: digiere las cosas con que te
acompaó.
Rueda del molino: no somos extraños.
Para ti, amada, odiada mía, me pondré a buscar los
nombres más dulces
Y los iré enterrando en tu oído con mi lengua.
Quiero llenarte la cabeza con esa espuma del mar.
Yo no sirvo para otra cosa que los pájaros.
Dios, árbol mío: déjame caer de ti como tu sombra.
Para estar a tono con el día mundial de la poesía y con el "Año de Jaime Sabines", uno de sus poemas sueltos, tomado de “Nuevo Recuento de Poemas 1950-1993". Ediciones
JM
En la boca del incendio arden mis días,
La hojarasca que soy, la yerba seca.
Siento mi alma como tierra quemada.
Ojos míos: no miren otra cosa que los últimos
fantasmas diarios.
Boca mía: no digas más que el saludo, “buenas noches”,
Y el tiempo, “que hermosa tarde” o “como llueve”.
Manos y dedos míos: sigan apretando el escritorio,
Los billetes, la copa, los muslos.
Planta de mi pie: hay que continuar sobre el camino
hollado,
Al lado de los mismos automóviles, sobre las mismas
hormigas.
Corazón mío: dedícate a tu sangre, a mis pulmones.
Y tú, querido estómago: digiere las cosas con que te
acompaó.
Rueda del molino: no somos extraños.
Para ti, amada, odiada mía, me pondré a buscar los
nombres más dulces
Y los iré enterrando en tu oído con mi lengua.
Quiero llenarte la cabeza con esa espuma del mar.
Yo no sirvo para otra cosa que los pájaros.
Dios, árbol mío: déjame caer de ti como tu sombra.
Sunday, March 8, 2009
nuestra charla una suelta toga al viento
Hola:
Un soneto de Seamus Heaney, tomado del periódico mexicano la Jornada de ayer, este que abre la colección de 67 sonetos de Seamus Heaney con motivo de su 70 cumpleaños.
SUEÑO DE CELOS
Tú en mi paseo, y otra acompañante
por un valle; el césped susurrante,
adivino silencio por los dedos,
y a nuestros pasos los árboles frescos
regalaron un claro a los errantes.
El candor de la luz pasmó al instante.
Sobre el deseo hablamos y los celos,
nuestra charla una suelta toga al viento.
blanco mantel de día de campo abierto,
como un manual de etiqueta completo.
“Dame gusto –le dije a la invitada–,
muéstrame el astro malva de tu pecho”.
Ay, amor, ni la prudencia ni estos versos
podrán curar la herida en tu mirada.
Un soneto de Seamus Heaney, tomado del periódico mexicano la Jornada de ayer, este que abre la colección de 67 sonetos de Seamus Heaney con motivo de su 70 cumpleaños.
SUEÑO DE CELOS
Tú en mi paseo, y otra acompañante
por un valle; el césped susurrante,
adivino silencio por los dedos,
y a nuestros pasos los árboles frescos
regalaron un claro a los errantes.
El candor de la luz pasmó al instante.
Sobre el deseo hablamos y los celos,
nuestra charla una suelta toga al viento.
blanco mantel de día de campo abierto,
como un manual de etiqueta completo.
“Dame gusto –le dije a la invitada–,
muéstrame el astro malva de tu pecho”.
Ay, amor, ni la prudencia ni estos versos
podrán curar la herida en tu mirada.
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